Dead Space 2

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Sin duda alguna uno de los títulos más recomendables del 2011. La secuela de Dead Space – cuyo primer título pasó demasiado desapercibido pese a la calidad que atesoraba – vuelve a traernos al ingeniero Isaac Clarke en una nueva entrega de este survival horror tan bien desarrollado por EA y Visceral Game. Es el año 2511. Han pasado 3 años desde la odisea ocurrida en el USG Ishimura, donde un artefacto llamado Efigie convirtió a todos sus ocupantes en necromorfos. Entre vagos recuerdos Isaac Clarke despierta en el hospital de una gran estación espacial en la órbita de Saturno. Poco a poco descubrirá que sus recuerdos – entre los que han navegado durante estos años – han servido para volver a construir una nueva Efigie. El experimento acabará descontrolado y Isaac Clarke deberá poner fin a lo que, sin saberlo, ha iniciado.

Lejos quedan los angostos pasillos del USG Ishimura – al que existe un pequeño guiño con un par de capítulos recorriendo parte de sus salas – donde tras cada esquina o conducto de ventilación podía esconderse un enemigo. Dead Space 2 se desarrolla en entornos más amplios. Desaparece la sensación de claustrofobia y soledad.

Colabora la ubicación a una trama argumental que gana enteros respecto a la primera entrega. En este caso la acción – muy presente y abrumadora en algunas situaciones – deja paso a un hilo argumental que se enriquece gracias a los nuevos entornos en una colonia donde la interacción con algunos de sus supervivientes – y fantasmas del pasado, como el de su novia, clave en la trama – permitirá conocer los sentimientos del protagonista.

Este Dead Space 2 es sobre todo argumento. Su trama se sobrepone a la acción y el suspense y consigue mantener la tensión de inicio a fin evitando que lo que pueda ser repetitivo sea un enlace más hacia un punto y final – que como en una buena película se va gestando poco a poco para que el espectador desee conocerlo con interés.

Lo que funciona, para qué cambiarlo, deben haber pensado en Visceral, porque Dead Space 2 sigue siendo una prolongación en lo básico – tanto en el propio protagonista, enemigos, inventario, movimientos o jugabilidad – de la primera entrega. Con su particular puntito gore – cercenar extremidades de los enemigos sigue siendo el principal medio para matarlos – Visceral pone toda su fuerza en llevar al espectador a una atmósfera opresiva y de tensión, rica de escenarios – oficinas, una iglesia, una estación de metro, exteriores… – en la que comprobar la depravación de un invento fallido de unos pocos que quizá, y por el final de esta segunda entrega, quién sabe si podría tener una tercera continuación. La ambigüedad en los videojuegos siempre es una buena llave para mantener una gran saga.

 

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